Viernes, 09 2026 Octubre

EL SCRUM DE LOS PUMAS: MÁS QUE UN ENTRENADOR, UN MODELO DE JUEGO RUMBO RWC2027

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La salida de Andrés Bordoy abrió un debate que va más allá de los nombres. Las propuestas de Santiago García Lanza y las declaraciones de Federico Méndez vuelven a poner en discusión la recuperación del empuje coordinado y la identidad técnica del scrum argentino.

La salida de Andrés Bordoy del staff de Los Pumas abrió una nueva etapa de análisis sobre una de las formaciones históricamente más representativas del rugby argentino: el scrum. Con el Mundial de Australia 2027 en el horizonte, el interrogante central no pasa únicamente por quién ocupará el lugar vacante, sino por qué modelo de formación se enseñará, cómo se entrenará y con qué indicadores se medirá su evolución.

En ese escenario, la propuesta técnica de Santiago García Lanza plantea recuperar las bases del empuje coordinado, con especial atención a la flexión, la posición de los jugadores, las tomas entre las líneas y la orientación colectiva de la fuerza. Su planteo sostiene que la eficacia del scrum no depende de acciones individuales, sino de la capacidad de los ocho forwards para funcionar como una unidad.

A esta perspectiva se suman las declaraciones de Federico Méndez, histórico referente de Los Pumas y jugador con experiencia internacional, quien ha defendido la importancia del empuje coordinado como una característica fundamental de la tradición argentina. Su mirada refuerza la necesidad de discutir no solamente la potencia física, sino también la técnica, la sincronización y la preparación específica de la formación.

El debate adquiere otra dimensión ante la posible incorporación de un nuevo responsable técnico. Entre los nombres mencionados en las informaciones periodísticas aparece Mario Ledesma, quien trabajó con el scrum de los Wallabies y posteriormente dirigió a Los Pumas. Sin embargo, su eventual designación debe distinguirse de una confirmación oficial, y su trayectoria necesita analizarse a partir de la experiencia acumulada, los métodos de trabajo y los resultados obtenidos, sin atribuir exclusivamente al scrum los resultados generales de un seleccionado.

La cuestión de fondo es evitar que el proceso se reduzca a un cambio de nombres. La recuperación de una identidad técnica requiere objetivos claros, continuidad en los entrenamientos, coordinación entre los seleccionados y los clubes, y criterios que permitan evaluar los avances. Entre ellos, la estabilidad de la formación, la obtención de la pelota, la capacidad de empuje colectivo, las infracciones y la seguridad de los jugadores, siempre dentro del reglamento vigente.

El scrum argentino construyó parte de su prestigio internacional a partir de una cultura de trabajo específica. Recuperar sus fortalezas no significa repetir mecánicamente fórmulas del pasado, sino revisar esa experiencia, contrastarla con las exigencias actuales y convertirla en un método de formación eficaz y seguro.

Australia 2027 representa, por lo tanto, mucho más que una fecha en el calendario. Es el horizonte para definir qué scrum pretende construir el rugby argentino, cómo formará a sus jugadores y de qué manera demostrará, con trabajo y resultados verificables, que puede volver a competir con solidez en una de las áreas más exigentes del juego.

 

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